Pozo de los Deseos

Que mi madre no tosa, que mi padre nunca enferme,
que sigan en forma y descansen cuando duermen,
que estén a mi lado siempre, les presente a una esposa,
a una nieta revoltosa y la Muerte no venga a verles,
que todo sea diferente, no volverme a acordar de ti aunque sea septiembre,
que yo sea el presidente de mis estados de ánimo y no
un espectador de entrada preferente a ver quien me hace daño,
se acabó, que nunca me haga mayor
y si lo soy que no se calle el niño que hay en mi interior, anterior
que me arranquen mi rencor, ese rincón de odio
y vean que el verdadero valor no está en el envoltorio,
roces sin razas, roces sin rezos,
que nadie quiera imponer su razón a voces ni de lejos
ni aunque sea de peso, ni aunque sea por pose,
estamos de paso, que nadie pise o te haga preso; pues eso.

Y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un jardín que no sembrara maldad,
el caos, miedo o la duda, regar de felicidad -ojala fuera verdad-,
y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un país que declarase la paz,
amor y la libertad, la llave de esa ciudad.

Que se vendan banderas, bandas y bandidos,
le laven la venda a la justicia o afine el oido,
digo, que se borren fronteras, frentes enfrentados
y pinten encima puentes que nos deje emparentados,
vamos, que no haya más disparos, que no dejen difuntos,
que se desarmen las armas y se construyan columpios,
que eliminen las balas se deshagan de cartuchos,
que las pistolas sean de agua para lavar niños sucios,
que ni un sólo hombre pase hambre para que otro engorde,
que el pez chico se coma al grande,
que si llego tarde no te estorbe y no es que no me importe
pero tengo sueños que cumplir aparte,
que a los míos nada les falte, que el cáncer no les de alcance,
que haya más avances médicos, y menos farmacéuticas,
más fines benéficos ni bélicos ni diamantes de sangre.

Y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un jardín que no sembrara maldad,
el caos, miedo o la duda, regar de felicidad -ojala fuera verdad-,
y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un país que declarase la paz,
amor y la libertad, la llave de esa ciudad.

Que nadie levante la mano a otro ser querido,
que nadie la obligue a abandonar el nido,
que no haya ni una mujer que tenga que esconder con maquillaje
que en casa tiene al demonio por marido,
que no haya bien nacidos mal paridos,
menos muestras de colonia y más de cariño,
que el amor no sea un perfume, sea un juego niños,
con reglas adultas y miradas de anciano haciéndose un guiño.

Y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un jardín que no sembrara maldad,
el caos, miedo o la duda, regar de felicidad -ojala fuera verdad-
y si pudiera pedir que se hiciera realidad
desearía un páis que declarase la paz,
amor y la libertad, la llave de esa ciudad.

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